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Hace 23 años el mundo dijo adiós a su princesa

Diana de Gales, el mito del siglo XX no pierde vigencia. Sus acciones están presentes en sus hijos, quienes la recordarán de una manera especial en 2021

Mayte Navarro

Hace 23 años el mundo despedía a Diana de Gales. Llantos y reclamos, hipótesis y análisis llenaban páginas de medios impresos y de noticieros de radio y televisión. Unos señalaban culpables y otros pedían justicia.

Londres se transformó en una capilla mortuoria esperando los restos de su princesa, víctima de la maldad, la indefensa Diana, quien había exhalado su último suspiro en la ciudad del amor, París.

En estas dos décadas han cambiado muchas cosas. Sus hijos, quienes ni siquiera tuvieron la libertad de llorar a su madre, aunque eran unos niños, fueron víctima de la multitud y de las normas de la monarquía.

Nuevamente  William y Harry la recuerdan y para materializar sus afectos han encargado una escultura que se ubicará en los jardines del palacio de Kensignton, su última residencia, habitada hoy por los duques de Cambridge y por sus tres hijos. Harry ya no vive allí pero seguro que sí estará presente  el primero de julio de 2021, fecha del natalicio de Diana, cumpliría 60 años.

El encargado de realizar este trabajo es el escultor Rank-Broadley, el mismo que realizó la representación de la Reina Isabel que aparece en todas las monedas del Reino Unido y la Mancomunidad desde 1998.

Aunque muchos continúen considerando a Diana Spencer como una víctima, sin embargo, si repasamos su estadía entre los Windsor, podemos observar cómo se fue  fortaleciendo con el tiempo, como dejó de un lado las normas y los protocolos para ser ella misma.

Sabía que la felicidad que había soñado a los 19 años no estaba allí, la bulimia tampoco la ayudaría y mucho menos su familia política. Entonces decidió emprender su propio camino. Buscó nuevamente el amor, pero éste fue mezquino con ella, a tal punto, que encontró la muerte al lado de un hombre que era un capricho de verano.

Carlos nunca pudo competir con el carisma ni con la popularidad de Diana y ella lo sabía por eso tuvo su propia manera de vengarse de sus desplantes. En la Casa Blanca, aquella noche cuando bailó con John Travolta quedó la única imagen valedera. Ella era la princesa, la verdadera representante de Inglaterra. Su marido pasó al olvido y prácticamente su imagen se diluyó ante la expresión de vida que Diana dejó en aquel baile.

A Diana no le tembló el pulso para convertirse en la abanderada de la lucha contra el sida y no lo hizo de una manera lejana sino que en aquellos tiempos cuando todos temían a los enfermos por aquella pandemia desconocida,  ella fue al hospital donde se encontraban los enfermos y no dudó en darle la mano a uno de ellos. 

Como tampoco retrocedió para convertirse en el rostro de la campaña de la lucha contra las minas antipersona. Gracias a ella el mundo se dio cuenta de la tragedia que generaban esas armas que no sólo dejaron muertos sino que todavía, en algunas partes del mundo, también dejan a mutilados.

En estos días han salido a la luz algunas hipótesis sobre lo que Diana deseaba para su futuro. Ella no pensaba llevar una vida anónima por eso su actividad tan cercana a ciertos personajes de la política internacional, como en el caso de Nelson Mandela, con quien mantuvo una amistad entrañable, lo que podría haber revelado una de sus aspiraciones, el de ser  embajadora de Gran Bretaña.

Según algunas versiones tuvo proposiciones para hacer una biografía, pero se cuidó de firmar algún contrato, estaba consiente que ella era la madre del futuro rey de Inglaterra sabía que debía ir con cautela en estas cosas que no contaría con el consentimiento de la Casa Real, aunque ella estaba apartada de Buckingham.

Su interés por la moda también podían haberla llevado a una alianza con Richard Mazzucchelli un magnate de la minería y quien fuera el segundo marido de Ivana Trump. El empresario le había propuesto  desarrollar  una línea de joyas. Las ganancias que percibiría Diana irían a sus obras benéficas.

Y siguiendo con el condicional, si Diana estuviera viva, la separación entre William y Harry no se hubiese concretado, pues ella hubiese intervenido y los hermanos habrían encontrado una solución a sus desavenencias.  

Lady Di seguirá siendo una de las mujeres más populares del siglo XX, su leyenda forma parte de una monarquía que lucha por permanecer  aunque a veces sus propios miembros se rebelen ante sus normas.

2 comentarios

  1. La vida de Diana no estuvo marcada por la felicidad. Ella luchó por alcanzarla de varias maneras y de algún modo cuando se centró en sus obras hacia los demás la sonrisa floreció en su cara de mirada triste.

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