estilo de vida

Simplemente un ser humano

La noticia de la semana es el desconocimiento del paradero de Juan Carlos I de Borbón. Abandonó el palacio de La Zarzuela bajo el pretexto de no querer que los acontecimientos empañen el reinado de su hijo, Felipe VI

Mayte Navarro

Que Juan Carlos de Borbón no tenga el suficiente valor para enfrentar situaciones embarazosas puede que no sea algo nuevo. Hoy se le reprocha que se haya ido de España cuando se realiza una investigación sobre el supuesto manejo de dinero proveniente de comisiones irregulares y sobre la opacidad de sus cuentas en Suiza. Pero no es la primera vez. Cuando en marzo de 1956 mató accidentalmente a su hermano, el infante Alfonso, mientras manipulaba un arma, Franco ordenó silenciar el hecho.

Ahora, ante esta nueva situación cuando todavía no se le acusa sino que se investigan sus cuentas, el Rey emérito emprende la partida fuera de las fronteras de su país, originando una situación inédita que lejos de acercarlo a la inocencia, lo aleja, y, además,  Juan Carlos decide no informar sobre su paradero, tejiéndose más de una conjetura.

Hay quienes alegan que está en pleno derecho de no informar pues se trata de un viaje privado, pues no está representando a España. Hay que recordar que hace un par de años el rey emérito le manifestó a Felipe VI que ya no participaría en funciones de Estado y de esta manera alejó de toda actividad pública, por eso este  viaje tiene carácter privado.

Pero otros aseguran que el padre de Felipe VI no se ha ido porque ha querido sino porque los políticos lo han presionado y que esto es el comienzo de la caída de la monarquía. Algo que tampoco es nuevo. Ya Isabel II de España y Alfonso XIII tuvieron que irse de su país presionados por  antimonárquicos, nacionalistas y republicanos. Sin embargo, esos monarcas dieron pie a ello. Juan Carlos, estimado, admirado y respetado por un reinado donde el  progreso marcó al país, llegó al ocaso de su vida cometiendo errores. ¿Se creyó intocable, creció su ambición y no pudo escapar de esa herencia lujuriosa borbónica?

Lo cierto que sin una acusación en su contra ya muchos lo condenan. Se desconoce lo que hizo, mientras que esa creencia de la superioridad casi divina de los reyes continúa vigente. Por otro lado, los antisistema podrían estar cocinando sus estrategias para sacar del trono a Felipe VI, quien por sobre todas las cosas ha querido salvar a la institución monárquica, aunque esto le haya valido el distanciamiento, primero con su hermana y ahora con su padre.

Otros se preguntan qué será de la reina Sofía, esa profesional que ha acompañado estoicamente a Juan Carlos de Borbón desde hace más de medio siglo. Pues seguirá en España. Ella es un bastión dentro de la Corona, el personaje mejor valorado de esa familia.

Ahora queda sola, pero lo ha estado desde hace tiempo, de hecho en el libro de Pilar Eyre, titulado  La soledad de la reina, la autora se pasea por la vida de esta mujer que con un alto coste personal se ha ganado la admiración de todos.

Mientras tanto Juan Carlos vive su soledad, la que él mismo se ha labrado. Si es cierto que está en Abu Dabi, gozaría de las atenciones de su amigo Mohamed bin Zayed. En República Dominicana lo esperaría Pepe Fanjul, un cubano de mucho dinero, exiliado y cuya familia se ha relacionado con los Borbón desde hace los tiempos del abuelo del rey emérito.

Por ahora habrá que esperar resultado de las investigaciones. El fantasma del exilio vuelve a rondar sobre este Borbón, un acontecimiento que podría afectar a Felipe VI, el rey de España mejor preparado que ha subido al trono.

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