orientación emocional

El tesoro del perdón. Parte 1                                

                                                                                    Por Karina Paredes Directora @En_persona

«Tal vez los dragones de nuestra vida no sean sino princesas que únicamente aspiren a vernos en todo nuestro esplendor. Quizás lo que más nos aterre no sea, después de todo, sino el grito desesperado de una faceta impotente que implora nuestra ayuda» Rainer María Rilke

En el artículo anterior hablamos de la culpa, y cómo ella, propicia una adictiva y tóxica manera de relacionarnos con los otros y con nosotros mismos, pues ha llegado la hora de liberarnos de esa creencia y trascenderla, pero ¿cómo lograrlo? Parafraseando a A.Einstein, las crisis son grandes oportunidades para decidir escucharnos y cambiar, escuchar el clamor de esos “dragones” que gritan que hay algo en nuestra vida que requiere de nuestra atención, usualmente, es liberar una incomodidad que nos tiene atrapados en la culpa y cuya espada de liberación, como la de Alejandro Magno, la llamamos perdón.

¿Pero qué es perdonar? Bueno comencemos diciendo lo que no es. El perdón no es fingir que nada ha pasado, aguantar algo insostenible o justificar situaciones. Perdonar es relajación, paz, confianza y fe. ¿Qué tenemos que ver nosotros con los errores del otro? Pues todo, porque son nuestros juicios los que sentencian y condenan a los demás, y lo que origina que pensemos dentro de nuestra programación que el otro nos hizo daño, cuando en realidad el otro es un reflejo de nosotros mismos. El otro representa la voz que necesitas escuchar. ¿Y si te dijera que no sólo no te han hecho nada, sino que de paso, podemos agradecer lo que pensaste que era un daño?

La palabra metanoia significa “más allá de la mente” y es justo esa capacidad de ver más allá de lo evidente, del cuento que nos hemos echado una y mil veces, lo que nos puede conducir exitosamente al perdón. Descubrir en ese cuento que te echas, tu responsabilidad, hará que no se repitan más esas situaciones dolorosas en tu vida, porque al liberarte de la percepción errada (que consideraste daño), te haces cargo, decides aprender la lección viendo todo desde otra mirada lo que necesitas trascender, liberándolo, obteniendo sanar las viejas heridas.

Por ejemplo, un papá alcohólico que te descuidó cuando eras niña puede llenarte de resentimientos, y hacerte creer que necesitas alejarte del daño y colocarte una coraza ante tal sufrimiento; ahora podemos verlo desde una mirada compasiva: un padre alcohólico con mucho dolor, hizo el mayor esfuerzo por estar presente, pero sus condiciones cognitivas ni emocionales daban para todo lo que necesitaba, por lo tanto, no necesito escapar ni vestirme con armaduras, pues nunca me quiso hacer daño. ¿Sintieron menos peso? Esa es la mirada de la compasión: no es estar de acuerdo con lo que el otro hizo sino entender que con la información que tenía es lo único que podían hacer. La compasión es un recurso que utiliza el perdón para liberarnos de la carga, pues, el resentimiento es como envenenarte a ti mismo creyendo que el otro es el que sufrirá los efectos de lo que decidiste tragar tú. Por lo tanto, se trata es de ti, la incapacidad de perdonar, es un autocastigo crónico, que habla más de ti, que del que cometió la falta.

Hace más de 25 años hubo un trágico genocidio en Ruanda, la tribu de los hutus asesinó a un millón de tutsis con los que hasta ese momento, a pesar de las diferencias, habían convivido pacíficamente. Inmacule Ilibagiza tenía 22años, estuvo escondida en un baño durante meses hasta que dejo de ser vorazmente perseguida, su familia entera fue asesinada por un hombre que había sido su maestro en el colegio, y fue detenido por la justicia. Cuando Inmacule lo visito en la cárcel lo único que pudo decirle fue “te perdono”. ¿Por qué haría algo así? El perdón no se trata de liberar al asesino de la cárcel, se trata de extraer el veneno de la venganza y del rencor de nuestro corazón, para tener paz y liberar a otro de nuestra carga para que encuentre su camino.

El perdón permite que la amplitud dentro de tu consciencia crezca, pues perdonar significa escoger liberar a otros de las percepciones que has estado proyectando sobre ellos, la proyección es el intento de insistir que la realidad es otra, negando tu responsabilidad y victimizándote, coloreando al otro con las mismas energías con las que te juzgas a ti mismo.

Vuelve a ese acontecimiento donde pensaste te hicieron daño, usa la compasión, y libera la carga, practica otras miradas, sin ser víctima, y verás como un canal de paz y confianza te embriagan.

Un comentario

  1. Excelente artículo, muy sabio y reconfortante para Concientizar lo que reflejamos en otros y cambiar juicios por perdón…. definitivamente nos libera

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