ciudad

#QuédateEnCasa / La Casa

Glennys González


Imagen Cortesía Gregorio Carrillo @gcm_fotografia

La ciudad y la casa, ¿dos dimensiones en choque?, el espacio de lo público y lo común, y el espacio de lo íntimo y lo privado. La escritora Natalia Ginzburg narra ese lugar del que unos personajes huyen y ese lugar en el que otros personajes en cambio, se encuentran seguros y del que no desean marcharse o al que quieren regresar, en su novela Ciudad-Casa publicada en 1984, donde trata la incomunicación en todos los ámbitos, tanto familiares como sociales.

Novela que parece tener relación directa con el #QuédateEnCasa como principal llamado para evitar los contagios masivos de Coronavirus. Pero muchos se han preguntado ¿de qué casa se está hablando? o ¿cuáles son las condiciones que debe reunir una vivienda adecuada para quedarse en ella? Quizás serán las que nos plantea la Organización de las Naciones Unidas (ONU), condiciones amparadas por el derecho a la vivienda que cumpla con: la seguridad de la tenencia, disponibilidad de servicios, materiales, instalaciones e infraestructura, asequibilidad, habitabilidad, accesibilidad para los grupos vulnerables, ubicación y la adecuación cultural. Requerimientos que hacen de la vivienda un derecho humano, porque constituye una de las condiciones mínimas necesarias para vivir en dignidad, este derecho incluye la protección contra el desalojo forzoso, la destrucción y demolición arbitraria del hogar, el derecho a elegir residencia y el derecho a la libertad de circulación.

¿Qué pasa si no todas las personas, no todas las familias habitan viviendas adecuadas?, no todas las viviendas cuentan con las condiciones dignas, como la seguridad de la tenencia, los servicios básicos (agua, alcantarillado, electricidad, gas, acceso a la comunicación). Y además estos resultan espacios no seguros para todo el mundo, el estar confinados en espacios hacinados, sin poder trabajar altera las relaciones familiares, afectando especialmente a las mujeres por el riesgo de violencia intrafamiliar. En el caso de Venezuela más del cincuenta por ciento (50%) del suelo de las ciudades está ocupado por viviendas, con una población mayoritariamente urbana, tal como refleja el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en el Censo de población y vivienda del año 2011, donde también resaltan que existe un déficit habitacional estimado de 2.442.987 viviendas, de las cuales 1.786.867 corresponde al déficit cuantitativo y 656.120 al déficit cualitativo.

En ese sentido, la Encuesta de Calidad de Vida (ENCOVI) indica que el 62% de las viviendas son auto-producidas, 74% de los hogares son propios, 47,3% de las viviendas construidas no tienen estructura, 42% de las viviendas su techo es de lámina o de material descartable, 33% de las viviendas tienen fallas en paredes, 27,1% de las viviendas se encuentran en terrenos inestables y el 13% de las viviendas son de alto riesgo.

Conscientes de estos datos, debemos sumar la elevada tasa de desempleo y la aguda crisis económica que atraviesa el País, así podremos comprender que el #QuedateEnCasa muchos lo viven desde la subsistencia en la calle, aunque evitar espacios públicos y trabajar remotamente ayude a reducir la propagación del COVID-19, la necesidad sobrepasa el temor al contagio. Al mismo tiempo que, hay para quienes el espacio púbico suele ser su hogar, como las personas sin casa, o quienes viven en sectores populares y las escaleras o veredas pueden ser parte de su casa por brindar espacios que complementan sus escasos metros de habitación. ¿Cómo enfrenta la pandemia esta población tradicionalmente desatendida?, tal como vemos en el caso de la Ciudad de Las Vegas en Estados Unidos, donde se demarcan estacionamientos para que duerman sobre el asfalto las personas sin hogar respetando la distancia recomendada de 2mts, o el caso de Guayaquil en Ecuador cuyas calles donde solían jugar bingo entre vecinos ahora ven caer cadáveres, que obligan a convertir terrenos municipales en cementerios que quizás pudieron ser parques públicos.

El entender que el confinamiento como respuesta global a la pandemia nos confronta con las implicaciones de la continua violación del derecho a una vivienda adecuada y segura, el colapso de los servicios públicos, o la falta de equipamientos urbanos, son problemas colectivos pero la decisión de cómo abordarlos es individual, pasa por el reconocimiento del otro. Comprender la realidad desde las necesidades colectivas, si bien muchos debemos valorar y agradecer por todo lo que tenemos que nos permite sobrellevar la crisis, también debemos profundizar sobre esas carencias de las que padece la sociedad en general.

Siendo la vivienda uno de los resultados de la desigualdad, y por eso, para satisfacer la demanda es necesario tomar acciones estructurales como la revisión de mercado inmobiliario, aplicar un conjunto de medidas fiscales y urbanísticas como la garantía al derecho de la participación ciudadana al momento de definir las plusvalías, el rol del estado en la provisión de vivienda pública, como en Europa donde la mayor parte de los países cuenta con viviendas de alquiler social. Se deben asegurar los servicios básicos y contar con actuaciones dirigidas a la mejora de la vivienda construida como la renovación y rehabilitación, facilitando la autogestión y la organización comunitaria.

Por esa razón, más allá de todo contexto económico y legal, la vivienda es el lugar donde se vive, tan amplio como la definición a todas las formas de habitar que existen a nivel global, por encima de las políticas públicas, la titularidad y las dimensiones mínimas de la “casa pequeña” de 36 mts2. La función principal de la vivienda es habitar, y para muchos la casa no existe, simplemente es el espacio donde tenemos nuestros afectos, como bien dice Asier Cazalis de Caramelos de Cianuro “…Porque esta casa ya no es un hogar, desde que te fuiste, sola y triste, paredes frías, camas vacías, tanto tengo y tanto me arrepiento…”

Aunque cada quien ajuste algún espacio de la ciudad a sus necesidades para sentirse en casa, la desigualdad de derechos no debemos verla como algo natural o como algo irremediable, la crisis nos debe hacer reflexionar acerca de las bases y principios sobre las que se han construido nuestras ciudades, cuáles han sido las consecuencias de este modelo y cual es el costo social, económico, y ambiental adquirido, es necesario organizarse en función de las demandas colectivas para cambiar el rumbo hacia una sociedad más justa y ciudades realmente sostenibles.

Caramelos de Cianuro “La Casa”

Referencias:

ENCOVI 2018, Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2018. ENCOVI 2018. Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Universidad Simón Bolívar (USB), Universidad Central de Venezuela (UCV), el documento también incluye datos de ENCOVI de 2014 a 2017

INE 2011, XIII Censo General de Población y Vivienda 2011. Instituto Nacional de Estadísticas, Venezuela.

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