opinión

El hombre como ser gastrosexual

por Mariana Marchena

Releyendo la teoría del periodista y Lic en filosofía, el alemán Carsten Otte, en donde sostiene que hay una nueva especie de hombre que se abre paso en la cocina tras (como el mismo autor lo define) “el abandono por parte de las mujeres que ahora se encargan de otros asuntos y que han perdido el interés por la cocina”, surge lo que él llamael hombre Gastrosexual.
De momento apoyaría su teoría si le llamara el Hombre (en mayúscula) en donde abarcara hombres y mujeres y ojo esto no es una pataleta feminista para nada, lejos estoy de los ismos, tampoco creo que sea algo “nuevo” pero sí arriesgado  para un hombre que no tenga problemas en decir que disfruta pasar tiempo en la cocina, sobre todo en  esta sociedad que aunque mucho haya avanzado todavía está lejos de ser una sociedad, coherente, honesta y mucho menos con ciudadanos felices. Desde siempre el hombre se ha encargado de la cocina, en la Prehistoria eran ellos los que cazaban las mejores presas para alimentar a sus familias, crearon las herramientas (homo Faber) para poder cortar también estos alimentos y posteriormente creó el fuego para dar cocción a esa comida que más tarde se convertiría en un plato hecho con dedicación, atención, tiempo, pasión y amor. 

La cocina siempre ha tenido algo o mucho de pasión, sensualidad, placer, sensaciones. Como explicaba anteriormente hombres y mujeres se han interesado por comer y cocinar desde siempre, claro a lo largo de la historia se habla de las mujeres en los fogones pero no es una actividad o un placer solo de las abuelas y madres. Tenemos esa concepción de que es una actividad de “niñas” y hasta banal… pero qué lejos se está de esto. El arte de la cocina es una actividad sublime y espiritual, de hecho recuerdo la historia de Fray Sever de Olot (un hombre adelantado a su época) que escribió un libro de cocina en el año 1787. Este libro lo compré por Manresa- Barcelona en uno de esos mercadillos típicos de los domingos, en la sección de “libros raros” y se titula “libro del arte de cocinar” es más bien un manuscrito, que está escrito en latín, catalán y castellano que agrupa una cantidad de recetas estupendas donde las selecciona como él mismo dice con “una manía clasificatoria” por: Origen, funcionalidad, lugar dónde tomó la receta y algunas vienen hasta con oraciones a la virgen María Santísima. Lo que llama aquí la atención es por qué estaba en la sección de “libros raros”, ¿Qué de extraño tiene un hombre en la cocina?

Retomando la teoría del periodista Otte, que acota que el hombre no cocina “sino que tiene sexo con el horno” que es un vínculo personal con la comida, pues “la forma que tenemos nosotros los varones de cocinar se orienta más a la gastronomía y no a eso que hacían antes las dueñas de casa, esto es un fenómeno; estamos frente a la preparación de alimentos como una nueva forma de realización masculina”. Para él el silogismo es el siguiente: La cocina siempre ha sido para amas de casa, ahora no hay amas de casa, ergo queda abandonada la cocina por no haber amas de casa” No estoy de acuerdo con esta fórmula.
Es sensato también desmitificar que las mujeres todas AMAMOS cocinar. Y que eres más o menos mujer si sabes cocinar una polvorosa de pollo o un asado, esa frase de los años 50 que era “ la mujer debe preocuparse por satisfacer dos preguntas: ¿Qué me pongo y qué cocino?” queda atrás. Y con este quedó atrás, es cuando para Ottel “comenzó el drama del hombre desatendido…. Y es por esto que ahora los hombres cocinan aunque “por norma sean ellas las que se encargan de este oficio” y además lo hacemos mejor que las mujeres pues somos nosotros más exigentes y las mujeres son más pragmáticas.” ¿Mis amigos chefs qué opinan sobre esto; cocinan por una necesidad ante el abandono de nosotras de los fogones?
La sexualidad siempre ha existido en la cocina, al menos para los amantes de los fogones. La pasión y el amor son los mejores ingredientes, ¿Cuantas veces no nos hemos deleitado, soñado, enamorado con un plato? ¿Cuantas veces cocinando y presentando un plato no se ha hecho el amor metafóricamente? Para mí es uno de los oficios donde las emociones y las sensaciones estás TODAS a flor a piel. Desde la madre o el padre que toma el tiempo para hacer la lonchera de sus hijos, hasta aquell@s que hacen una cena rica, que no necesariamente debe ser algo eróticamente explícito como esas pelis de los años 80 donde pican “sensualmente” con una pose algún ingrediente dizque afrodisíaco; los que cocinamos y comemos sabemos que es mucho más que eso, se puede seducir hasta haciendo un simple sándwich, sin música, ni velas, ni lencería roja, es … algo más. Mientras estén presente la pasión y el amor en lo que hacemos nada puede salir mal; y esto es propio de los HOMBRES con mayúscula, hombres y mujeres, algo netamente humano; ¿O se imaginan una escena tipo la dama y en vagabundo de Disney pero en la vida real con su perra y el perro de la vecina?

Todos tenemos sensaciones y sentimientos, la sociedad nos hace creer que esto nos hace menos; que mostrar nuestra vulnerabilidad es sinónimo de debilidad y hasta de banalidad; nos educan para reprimir las emociones. ¿Por qué más que decir que un plato está rico, no decimos que nos encantó y felicitamos a quién lo cocinó, sin sentirnos luego ridículos? Es el arte de cocinar y de comer un éxtasis! .El Fraile de Olot que pudiera haber sido solo un goloso y un poco comilón, fue más que eso, fue un militante del placer culinario  – Lo que los franceses llaman gastronomía- y sobre todo un militante del placer intelectual. Como la mayoría de los placeres incluidos por supuesto los sexuales. Fray Sever escribe con increíble golosinería, sensualidad y goce, cada palabra cada ingrediente y al hacerlo describe como nota que se le hace agua la boca; elige los vocablos más ricos en sustancia lujuriosa y siente predilección por las combinaciones más voluptuosas, como un libertino de la cocina. Ergo bien por Otten por acuñar este término pero sin duda yo le diera otra definición, no sería algo netamente de los hombres, ni sería a raíz del abandono de los fogones por parte de las mujeres etc. Concluiría que todos aquellos que viven por y para la cocina somos Gastrosexuales. ¿Y tú te consideras uno de ellos?

Deja un comentario