teatro

MACBETH O EL ESPEJO

Por: Inés Muñoz Aguirre

El reto de llevar a escena a Skakespeare el más importante dramaturgo de todos los tiempos, sigue sobre el escenario del teatro de la Asociación Cultural Humboldt.  Solo a un gestor como Federico Pacanins se le podía ocurrir semejante proeza en tiempos de crisis. Estoy segura que su llamado a reflexionar no solo tiene que ver con lo creativo, si no con el fuerte contenido de unas obras que continúan estremeciendo a sus espectadores ante la indudable actualidad de su mensaje.

En esta oportunidad le tocó el turno a Macbeth.  Para mí hay dos elementos claves en esta puesta en escena dirigida por el propio  Pacanins: el concepto y el ritmo. Es muy difícil hacerse entender cuando uno pretende desde el tema de la creación referirse a estos aspectos porque a la palabra concepto, hay que adicionarle la fuerte carga subjetiva que contiene, sin embargo, es más entendible cuando damos cuenta de que es un tema que después de todo, lo que hace es aglutinar la percepción, la sensación y el sentimiento.

Federico da en el clavo con su interpretación conceptual de esta obra.  Macbeth es una obra oscura en la que la ambición por el poder termina por clavarse, hacer un nudo y corroer hasta el ultimo rincón del pensamiento.  El texto nos recuerda que una vez que estos procesos emocionales se inician nada los detiene, la tiranía aparece como un escudo protector. El oscurantismo en que se sumen las emociones solo conducen a la autodestrucción y en consecuencia este es un transito hacia la locura y la muerte.

Por si fuera poco en ese tránsito, lo sobrenatural, lo inexplicable toma forma, porque el espíritu frágil ante tanta arrogancia (aunque parezca contradictorio) se aferra a cuanta interpretación permita creer que el poder es eterno.

Es así como y por qué nos encontramos en la interpretación de Federico con un escenario oscuro, en el que las sombras se multiplican, en el que las brujas dotadas de todas las características fantasmales y su consiguiente ironía aparecen y desaparecen, esperpénticas, casi trasmutadas en reptiles. Unas brujas cuyo gemido parece convertirse en una larga lengua que vendrá de las entrañas mismas, para rodear a su presa y apretar su cuello hasta devorarlo.  Ellas se convierten en las grandes protagonistas de una historia, en las que por un momento parecen siamesas anudadas por la maldad y el garrancho de sus cuerpos en permanente contorsión. Tanta como la que ocurre en sus almas.

Pero por si fuera poco este sustento para los personajes, el sonido con el que Pacanins logra tejer la partitura que acompaña la obra de comienzo a fin, no solo pone sobre el tapete su condición de músico, si no que crea con ello el ritmo que sostiene la emoción de los espectadores.  Gritos, aullidos, campanadas, repiqueteo de pasos, instrumentos como la combinación innovadora de trombón y órgano, truenos y relámpagos, todo es posible para convertirse en el marco emocional de los personajes.

Está tan bien sustentado el concepto, la imagen que brinda la pieza de principio a fin, que las diferencias que pueden existir en la experiencia de los numerosos actores que transitan sobre el escenario, casi pasan desapercibidas. José Tomás Angola da todo de sí en la construcción de un personaje sobrio, a veces tímido, miedoso otros tantos y dominante cuando se hace necesario. Sandra Yajure interpreta un personaje que de una aparente sencillez, toma fuerza, intriga, trama, construye y desarma hasta destruirse a sí misma. El conjunto en general estable, José Antonio Barrios imponiendo su larga trayectoria de actor surgido en el vientre rajatabliano en el que la utilización de la voz, la clara dicción y el buen manejo de la respiración fue toda una disciplina.

En ocasiones me hubiera gustado una pasión mayor, sin embargo acuso este comentario como un deseo estrictamente personal, porque otro aspecto que toma relevancia en esta cuidada puesta en escena, pareciera ser el de los limites, vistos como unos horizontes en los que nada se desarticula.  Hay que ver Macbeth. Allí en San Bernardino hay una fuerte caja de resonancia, un espejo en el que necesitamos vernos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s